¿Quién motiva a quien?

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Ventas

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pausamo

A día de hoy ya llevo como formador de equipos de ventas, de forma más o menos seguida, des de 2001 y los mismos currando de vendedor. He vendido productos y servicios en sectores B2B y B2C (con todas sus variantes). A estas alturas ya puedo decir que en mi vida comercial solo me falta ir globo y alguna cosilla más, lo demás está hecho.

La constante que siempre he encontrado a lo largo de estos años es que todos estamos de acuerdo en la importancia de la motivación para vender con éxito. Empresarios, vendedores, coaches y otros seres variopintos  des de Og Mandino o incluso antes nos partimos la sesera en busca del “”Elemento””. Nos preguntamos cual es el ingrediente mágico de la motivación autogenerada y regenerada que garantice resultados constantes y positivos para  multiplicar ingresos y felicidad.

El párrafo anterior parece escrito con mala gaita y con ironía poco fina. No le quito la razón. Eso sí, si usted ha sido vendedor sabrá que poco me alejo de la realidad. El problema como casi siempre es que confundimos la velocidad con el tocino. O en este caso, el hambre con las ganas de comer.

Esta és mi pregunta ¿El vendedor debe tener hambre o ganas de comer?

Usted se habrá dado cuenta de que el hambre es una necesidad y la satisfacción de ella  asegura su supervivencia mientras que las ganas de comer responden a un deseo de querer satisfacer los caprichos con delicias para su paladar  aunque no tenga hambre.

En el primer caso, usted irá tirando con cualquier bazofia pero en el segundo no, querrá comer lo que sabe que es mejor para usted. ¿Si trasladamos esto a la venta podríamos decir que la motivación es el hambre? o ¿las ganas de comer?

Si quiere saber mi respuesta a esta pregunta le diré que los discursos que han prosperado estos años sobre el optimismo, la felicidad, el buenrollismo y tal y tal son cojonudos pero no motivan más allá de unas horas o algunos días. La felicidad es magnífica para todo el mundo, faltaría más. Pero esto no motiva solo es un subidón con su consecuente bajón. Al cliente hay que irle alegre y yo solo hablo del origen de esta alegría. No seamos sosos.

¿Sabe que me motiva a mi de forma indefinida?

En primer lugar: Vender para una empresa que me de motivos y argumentos. Que me proporcione realidades con las que ir a ver a mis clientes con total seguridad en hechos constatados y no en promesas dudosas o que podrían o no ser ciertas en función de mi suerte, de la suerte del cliente y de la alineación de los astros. Sentirme orgulloso de vender lo que vendo y para la empresa que lo hago.

En segundo lugar: Me motiva un coach que no me diga que puedo conseguir todo lo que me proponga con soñarlo muy muy fuerte. Me motiva un coach que me enseña técnicas de venta y oficio que me permiten tener mejor resultado. Resultado concreto, o sea, ventas.

En resumen:

Nada motiva más a un vendedor que vender. Clic para tuitear

Es a sí de fácil. Dale recursos y oficio, lo demás cae por su propio peso. ¿Estas de acuerdo? Te invito a comentar en el blog o las redes sociales sobre este asunto. Y si te ha gustado este post suscribete con el botón de la barra lateral

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